Las novelas son pasaporte a
un plano ficcional que puede, eventualmente, arrobarnos. Hay novelas de todo
tipo y para distintas edades. Los más jóvenes disfrutarán de una novela de
aventura; las novelas románticas no han pasado de moda; las detectivescas son
de las favoritas de un amplio sector; las biográficas gozan de prestigio para
algunos.
En mi caso particular
disfruto mucho las novelas de escritores latinoamericanos; cuando leí La tregua de Mario Benedetti quedé
atribulada al pensar que la vida jugaba de esa manera y que historias similares
se hacían realidad a diario.
Con La mujer habitada de Gioconda Belli, me volví parte de la historia,
a tal punto que me manejaba con sumo cuidado para no delatar a los
protagonistas en sus actividades insurgentes.
Cien años de soledad, del
laureado Gabriel García Márquez, desató a tal punto mi imaginación que en más
de una ocasión quise ayudar a Amaranta a destejer su mortaja, conocer a los
gemelos y por supuesto a Remedios la bella para ver si yo era capaz de soportar
tanta belleza.
Existen otras novelas que se
han popularizado gracias a la televisión. Masivamente se captura la atención de
miles y miles de personas que día a día viven las más variadas intrigas de los
personajes, colmados en las más de las ocasiones de un resentimiento y maldad
indescriptibles. Dentro de estas telenovelas podemos rescatar algunas que
tienen un mensaje aleccionador y que por este detalle se tornan interesantes. Por
ejemplo la de la niña que a toda costa consiguió un par de senos que la harían
entrar al paraíso. También la de la joven madre soltera que en el afán de
mejorar la condición económica de su familia viaja a trabajar en el extranjero
y es víctima del tráfico de personas.
Algunas resaltan valores
como era el caso de aquella en la que una joven padece de leucemia y su madre
hace todo lo que está a su alcance para que su hija recupere la salud.
En fin, este género
literario puede regalarnos momentos sublimes cuando encontramos ese texto que
hace clic con nuestra visión de mundo,
con nuestros sueños y por qué no, con nuestra propia historia de vida. Así que
no nos privemos, a leer se ha dicho.. y a ver televisión de vez en cuando.
“Una
novela debe mostrar el mundo tal como es. Como piensan los personajes, como
suceden los hechos... Una novela debería de algún modo revelar el origen de
nuestros actos.” Mario
Vargas Llosa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario