jueves, 15 de enero de 2015

EL BENDECIR

Damos la bendición a nuestros hijos, a nuestros amigos, en general a nuestros seres queridos. Hacemos esto como signo de que deseamos lo mejor para ellos.
Buscamos constantemente la bendición de DIOS; cuando DIOS nos bendice nos sentimos colmados de bienes espirituales y materiales. Un trabajo es, por lo tanto, una bendición; la llegada de un hijo también lo es. La lista sigue, son bendiciones el techo, la comida, la ropa, los amigos, la tecnología, la educación, etc, etc, etc, y por supuesto la salud.
Es fácil ver como bendiciones todo lo bueno que nos ocurre en la vida. Pero, qué pasa cuando la salud se quebranta o nos quedamos sin trabajo y la comida no es la suficiente en la mesa? Tenemos la misma capacidad de ver esto como bendición?
Es todo un reto a nuestra fe.
Sin embargo, es posible si agradecemos constantemente cada uno de los eventos de nuestra vida. No dejemos de agradecer lo poco y lo mucho.
Toda la perspectiva de nuestra vida cambiará si no vemos problemas sino oportunidades. En estos días me ha enseñado mucho esta realidad una amiga que padece de cáncer. Sin renegar hace todos sus tratamientos puntualmente y siempre agradece a DIOS por la medicina a su disposición, por el personal médico que la atiende, por el sistema de salud de nuestro país. Agradece también por los amigos que desde la barrera le hacen porras para que siga adelante. Ella ha tomado su enfermedad como una oportunidad única de descubrimiento interior, de crecimiento y de afianzar lazos de amistad.
Todos los días celebra la vida que se le regala y tiene tiempo y deseos de escuchar a otros, de aconsejarlos, de reír y de llorar con ellos.
Cada llamada que le hago para saludar me la agradece con un sincero DIOS TE BENDIGA.
Si ella puede bendecir,  yo también puedo. Claro que sí!!!
En todas las religiones, bendecir es una práctica habitual.
Como católica comparto la bendición del PAPA FRANCISCO.

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