lunes, 26 de enero de 2015

EL AGRADECIMIENTO



Agradecer, según el diccionario de la RAE, es tener un sentimiento de estimación hacia un favor o beneficio que hemos recibido.
No necesariamente se debe devolver el favor. Algunas veces, esto es imposible. Con solo tener presente el bien disfrutado y la persona o personas que nos los dieron, toda la maquinaria de la gratitud se pone a funcionar.
Y, ¿esto qué significa? Bueno, pues simplemente vivir en PLENITUD. Cuando damos gracias a la vida o a Dios  o al Universo, según sea nuestra creencia, nos sentimos completos. Al no tener carencias en nuestro subconsciente la prosperidad fluye sin ninguna traba.
En ocasiones, si estamos pasando por situaciones muy difíciles, resulta un poco difícil ser agradecido. En estos momentos podemos proponernos agradecer por cosas que damos por sentadas. Por ejemplo, sin ahondar en una lista, podemos dar gracias por respirar, por poder diferenciar diversos aromas, por sentir el calor o el frío, por poder ver una nube moverse sin voluntad a merced del viento, por escuchar el canto de las aves o el tren que atraviesa las vías. Incluso por sentir sed y hambre y poder saciarlas; y ni qué decir agradecer por  nuestras funciones corporales.
Si adoptamos esta práctica diariamente, muy pronto estaremos agradeciendo a cada momento, por todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Nuestra lista de agradecimientos se irá agrandando y no dejaremos espacio para sentir ninguna carencia.
No lo dejemos para mañana. Agradezcamos hoy por el día que termina y esta noche que nos brindará un placentero descanso. Agradezcamos y no nos cansemos nunca de agradecer. Vivamos acorde al viejo probervio hebreo:

El que da debe olvidar; pero el que recibe, siempre debe recordar.






 


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