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miércoles, 18 de febrero de 2015

LA PRUDENCIA. OTRA VIRTUD CARDINAL



La PRUDENCIA es otra de las virtudes cardinales. Tiene que ver con el discernimiento para elegir lo que nos conviene y evadir lo que nos puede perjudicar. Dentro del catolicismo se asevera que gracias a la prudencia podemos saber la justa medida para vivir las otras virtudes cardinales.  La PRUDENCIA también la relacionamos con el decir. Somos prudentes cuando escogemos las palabras con que nos dirigimos a otros. La PRUDENCIA hace que seamos respetuosos de la libertad de actuar de otros; nos motiva a escuchar sin juzgar,  a acompañar sin condicionar, a discutir sin buscar vencer.
Sin embargo, hay que estar despiertos y tener certeza de cuándo somos prudentes y  cuándo utilizamos el nombre de esta fundamental virtud para tapar un grado supremo de ignorancia. Con dolor he escuchado de algunas personas que permiten que ocurran verdaderas atrocidades y se escudan diciendo que no intervinieron porque son "muy prudentes". Grave confusión; si escucho que el vecino golpea a la esposa o a los niños no soy prudente al callar la agresión; allí me convierto en cómplice. Si se de alguien que prostituye niños y callo por supuesto que nadie puede decirme prudente. Si conozco dónde y quién vende drogas y no denuncio, tampoco soy prudente. Listar ejemplos se convertiría en un blog interminable. Cada uno identifique si sus actos son pruedentes o son una cruel complicidad.

Pidamos a nuestro PODER SUPERIOR, el de cada uno, el discernimiento para no caer en el conformismo disfrazado de prudencia.