La PRUDENCIA es otra de las
virtudes cardinales. Tiene que ver con el discernimiento para elegir lo que nos
conviene y evadir lo que nos puede perjudicar. Dentro del catolicismo se
asevera que gracias a la prudencia podemos saber la justa medida para vivir las
otras virtudes cardinales. La PRUDENCIA también
la relacionamos con el decir. Somos prudentes cuando escogemos las palabras con
que nos dirigimos a otros. La PRUDENCIA hace que seamos respetuosos de la
libertad de actuar de otros; nos motiva a escuchar sin juzgar, a acompañar sin condicionar, a discutir sin
buscar vencer.
Sin embargo, hay que estar
despiertos y tener certeza de cuándo somos prudentes y cuándo utilizamos el nombre de esta fundamental
virtud para tapar un grado supremo de ignorancia. Con dolor he escuchado de algunas
personas que permiten que ocurran verdaderas atrocidades y se escudan diciendo
que no intervinieron porque son "muy prudentes". Grave confusión; si
escucho que el vecino golpea a la esposa o a los niños no soy prudente al
callar la agresión; allí me convierto en cómplice. Si se de alguien que
prostituye niños y callo por supuesto que nadie puede decirme prudente. Si
conozco dónde y quién vende drogas y no denuncio, tampoco soy prudente. Listar ejemplos se convertiría en un blog interminable. Cada uno identifique si sus actos son pruedentes o son una cruel
complicidad.
Pidamos a nuestro PODER
SUPERIOR, el de cada uno, el discernimiento para no caer en el conformismo
disfrazado de prudencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario