lunes, 23 de febrero de 2015

LA FORTALEZA COMO VIRTUD CARDINAL




Cuando atravesamos por  situaciones que nos abruman, nuestros amigos y conocidos, con frecuencia nos dicen: mucha fortaleza. (Al menos es mi experiencia)  Agradecemos el gesto e inmediatamente, un poco decepcionados, nos preguntamos qué es la fortaleza y cómo nos ayudará a transitar por el camino tan difícil por el que atravesamos en ese momento particular.
Según el diccionario, la fortaleza es fuerza, que a su vez es la capacidad para soportar un peso o resistir un empuje, y vigor que es, en una de sus acepciones, la duración de las costumbres y estilos. Entonces, mantener nuestra forma de ser, de vivir y de ver la vida a pesar de las circunstancias difíciles, nos dará la certeza de que poseemos fortaleza.
Demostramos fortaleza cuando seguimos trabajando día a día después de despedirnos de un ser querido. También demostramos nuestra fortaleza cuando nos mantenemos constantes en un tratamiento luego de que se nos diagnostica una enfermedad terminal. Otra forma en la que nos podemos dar cuenta de nuestra fortaleza es manteniendo nuestros compromisos en diferentes ámbitos: educativos, familiares, laborales, con el ambiente, para citar algunos. Demuestra fortaleza quien es tentado a cometer cualquier tipo de fraude a cambio de una condición económica holgada y sabe decir ¡NO!.
Para los creyentes la fortaleza viene de DIOS como un poder superior capaz de infundirnos eso que necesitamos para seguir adelante. La FORTALEZA como VIRTUD CARDINAL es aquella condición mediante la cual podemos vencer el temor y huir de la temeridad. Santo Tomás, por ejemplo, adoctrinaba sobre la virtud de la FORTALEZA expresando que esta se encuentre en el hombre que está dispuesto a afrontar los peligros y que por defender la verdad y la justicia está dispuesto a soportar adversidades.

La fortaleza debe ser tenida como un valor y ha de ser enseñada como una capacidad del espíritu para vivir la TOTAL PLENITUD de una vida productiva. Sin fortaleza todos los caminos del ser humano podrían volverse intransitables.


Resultado de imagen de imágenes sobre fortaleza   "La Fortaleza no viene de la capacidad física, sino de una voluntad indomable." - Mahatma Gandhi






miércoles, 18 de febrero de 2015

LA PRUDENCIA. OTRA VIRTUD CARDINAL



La PRUDENCIA es otra de las virtudes cardinales. Tiene que ver con el discernimiento para elegir lo que nos conviene y evadir lo que nos puede perjudicar. Dentro del catolicismo se asevera que gracias a la prudencia podemos saber la justa medida para vivir las otras virtudes cardinales.  La PRUDENCIA también la relacionamos con el decir. Somos prudentes cuando escogemos las palabras con que nos dirigimos a otros. La PRUDENCIA hace que seamos respetuosos de la libertad de actuar de otros; nos motiva a escuchar sin juzgar,  a acompañar sin condicionar, a discutir sin buscar vencer.
Sin embargo, hay que estar despiertos y tener certeza de cuándo somos prudentes y  cuándo utilizamos el nombre de esta fundamental virtud para tapar un grado supremo de ignorancia. Con dolor he escuchado de algunas personas que permiten que ocurran verdaderas atrocidades y se escudan diciendo que no intervinieron porque son "muy prudentes". Grave confusión; si escucho que el vecino golpea a la esposa o a los niños no soy prudente al callar la agresión; allí me convierto en cómplice. Si se de alguien que prostituye niños y callo por supuesto que nadie puede decirme prudente. Si conozco dónde y quién vende drogas y no denuncio, tampoco soy prudente. Listar ejemplos se convertiría en un blog interminable. Cada uno identifique si sus actos son pruedentes o son una cruel complicidad.

Pidamos a nuestro PODER SUPERIOR, el de cada uno, el discernimiento para no caer en el conformismo disfrazado de prudencia.

martes, 10 de febrero de 2015

LA JUSTICIA, VIRTUD CARDINAL



La palabra cardinal proviene del latín cardinalis que significa principal, fundamental. Así tenemos puntos cardinales, referenciados por sitios polares y por la salida y puesta del sol; números cardinales relativos a una interesante teoría de conjuntos; el viento cardinal que  es el que sopla de cualquiera de los puntos cardinales del horizonte;  y, virtudes cardinales
Las virtudes cardinales son aquellas que cuándo se poseen propician la práctica de otras contenidas en ellas. Hay cuatro virtudes cardinales: la prudencia, la templanza y la fortaleza y la JUSTICIA.
Para Platón la JUSTICIA es la virtud gracias a la cuál se adquieren las otras y una vez adquiridas todas, la justicia se encarga de mantenerlas unidas.  Esta virtud provoca en el ser  humano el deseo de que cada quien tenga lo necesario, lo que se merece. Se la suele representar con una venda en los ojos, ya que la verdadera justicia no toma partido, siempre es objetiva.
También la justicia va de la mano con el principio de equidad. Una persona justa sentirá la necesidad de que cada persona cercana y lejana tenga al menos, sus mismas posibilidades en cuanto a salud, estudio, vivienda, alimentación y otros bienes tanto materiales como espirituales.

No es casualidad que dentro de la práctica religiosa, y específicamente en La Biblia se observe constantemente a los justos dentro del grupo de hambrientos, de perseguidos, de oprimidos. ¿Quién más justo que aquél que en carne propia ha vivido la injusticia? La justicia es una decisión; un estar atento; un no dejarnos llevar por los remolinos de la vida; un vivir respetando los derechos de otros y de la naturaleza.  
Que más justicia que la que expresó Jesús  en Mateo 22, 15-21

DEN AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS.

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lunes, 2 de febrero de 2015

VIRTUDES TEOLOGALES: LA ESPERANZA




La esperanza está definida como un estado de ánimo en el cual vemos posible lo que deseamos. Tiene la misma raíz de esperar. Esperar es no desesperar.
Cuando las situaciones de la vida se ven complicadas y no hallamos el camino que nos saque del laberinto; en los momentos en que nos sentimos abandonados de nuestros amigos,  de nuestra familia y de nuestros propios sueños;  durante el vacío, la soledad y el desconcierto, surge, para casi todos los seres humanos, la esperanza.
La esperanza entonces, se antoja luminosa; da un inmenso sentido a la vida y nos devuelve los deseos de luchar, de seguir adelante, de renovar las fuerzas para alcanzar nuestros sueños o, para, simplemente, seguir viviendo.
En ocasiones la esperanza no llega de la nada sino más bien la obtenemos de un trabajo encaminado a conseguir un bien.  Si planteamos un proyecto de vida y con sinceridad vemos la posibilidad de realizarlo; si tenemos alrededor personas que tienen esperanza a pesar de todo lo que las rodea; si al despertar agradecemos por la infinidad de nuevas posibilidades; si vamos paso a paso pero con seguridad, indudablemente haremos progresos que nos llevarán a mantener viva la esperanza.
En cuanto a la esperanza como virtud teologal es exactamente lo mismo la constancia enfocada a trabajar y caminar hacia una vida eterna prometida. Esto se logra con la ayuda de DIOS quien pondrá  a nuestra disposición todos los medios sean naturales o sobrenaturales para que lleguemos a ese destino.
Entonces sigamos viviendo llenos de esperanza y cómo lo dice el proverbio japonés

Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar