Cuando atravesamos por situaciones que nos abruman, nuestros amigos
y conocidos, con frecuencia nos dicen: mucha
fortaleza. (Al
menos es mi experiencia)
Agradecemos el gesto e inmediatamente, un poco decepcionados, nos
preguntamos qué es la fortaleza y cómo nos ayudará a transitar por el camino
tan difícil por el que atravesamos en ese momento particular.
Según el diccionario, la
fortaleza es fuerza, que a su vez es
la capacidad para soportar un peso o resistir un empuje, y vigor que es, en una de sus acepciones,
la duración de las costumbres y estilos. Entonces, mantener nuestra forma de
ser, de vivir y de ver la vida a pesar de las circunstancias difíciles, nos
dará la certeza de que poseemos fortaleza.
Demostramos
fortaleza cuando seguimos trabajando día a día después de despedirnos de un ser
querido. También demostramos nuestra fortaleza cuando nos mantenemos constantes
en un tratamiento luego de que se nos diagnostica una enfermedad terminal. Otra
forma en la que nos podemos dar cuenta de nuestra fortaleza es manteniendo
nuestros compromisos en diferentes ámbitos: educativos, familiares, laborales,
con el ambiente, para citar algunos. Demuestra fortaleza quien es tentado a
cometer cualquier tipo de fraude a cambio de una condición económica holgada y
sabe decir ¡NO!.
Para los creyentes la fortaleza
viene de DIOS como un poder superior capaz de infundirnos eso que necesitamos
para seguir adelante. La FORTALEZA como VIRTUD CARDINAL es aquella condición
mediante la cual podemos vencer el temor y huir de la temeridad. Santo Tomás,
por ejemplo, adoctrinaba sobre la virtud de la FORTALEZA expresando que esta se
encuentre en el hombre que está dispuesto a afrontar los peligros y que por
defender la verdad y la justicia está dispuesto a soportar adversidades.
La fortaleza debe ser tenida
como un valor y ha de ser enseñada como una capacidad del espíritu para vivir
la TOTAL PLENITUD de una vida productiva. Sin fortaleza todos los caminos del
ser humano podrían volverse intransitables.
