lunes, 2 de marzo de 2015

LA CUARTA VIRTUD CARDINAL: LA TEMPLANZA



La templanza es definida como la virtud que insta a moderar los sentidos y los apetitos y sujetarlos a la razón.

Sin embargo, no es de pensar que la templanza solo se dedica a prohibir por el simple hecho de prohibir. La templanza motiva al ser humano a buscar el bien supremo. Una persona que tiene templanza ante un diagnóstico de diabetes, por ejemplo, modera el consumo de harinas refinadas considerando que esto le dará una más larga y mejor vida.  La templanza también se pone de manifiesto en la persona que no vive triste por su pasado, ni ansioso por el futuro sino que vive su presente con intensidad pero sin el comportamiento hedonista de vivir el día a día en el desperdicio, la gula o el libertinaje.  La templanza hará que todos tengamos consciencia del uso de todos los recursos que tenemos a disposición. No haremos desperdicio de agua, de energía o de comida o de cualquier otro bien.

Incluso aprovecharemos cada minuto de salud, de educación  y de trabajo que nos sea regalado Seremos capaces de lograr vivir con solo lo que necesitamos. Imaginemos la abundancia que se generaría si cada ser humano  dispusiera solamente de lo que necesita.  Quiero soñar que habría de todo en cantidad suficiente para todos y la avaricia vería su muerte segura.

La templanza propone una mirada caritativa hacia el otro. Si cultivamos esta virtud caerá en desuso esa innecesaria y desgastante  actitud de juzgar y nos aproximaríamos a comprender  a todo ser humano con que nos relacionáramos.
Cada acción que sea guiada por la templanza es un ejercicio de fortaleza para nuestra alma y nuestro espíritu. Viviendo con templanza estamos acercándonos a vivir agradando a DIOS.


 

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