viernes, 4 de noviembre de 2016

EL COLOR DEL CRISTAL CON QUE SE MIRA



¿Qué miro?, ¿qué quiero mirar?, por qué esta dicotomía... 
Miro asaltos, crímenes, injusticia, hambre, enfermedad, corrupción  y un sin fin de cosas espeluznantes para cualquiera con tres dedos de frente. 
Quiero mirar luz, amor, salud, niños sanos y felices...
¿Qué ocurre realmente…?

Por estos días me he infiltrado en algunas teorías interesantes que me hacen preguntarme si realmente yo he creado la realidad en la que estoy inmersa. ¿YO SOLITA?, demasiado dominio... no me lo puedo creer.  Toda mi realidad vendría a ser entonces, una mimesis de mi mente desordenada y carente de bienestar.
¿Dónde adquirí esta forma de mirar? Por qué, a través de los años he ido creando todo este caos universal que ahora me asfixia. Y, lo más controversial: ¿dónde encuentro el punto de inflexión para desandar este tortuoso camino?
Mi realidad, según he leído, la creo yo minuto a minuto. Pues si tengo alguna duda que afuera de mí no hay nada, sigo la duda y experimento. Acepto, todo lo que veo está dentro mío. Si no veo las flores cayendo de los árboles, esa realidad no me toca pero sí será la realidad para otros. Mi abuela, como he comentado por aquí, era sabia y utilizaba muchos refranes de la cultura popular, muy atinadamente. Ahora comprendo algunos y el del título viene al caso. Si me pongo los lentes del amor, ¿qué veré?
Me dispongo entonces a ver todo con otra actitud, a saber que todo lo que he creado, por ser yo misma la directora del proyecto, puedo cambiar los diálogos, la ambientación de las locaciones, y, por supuesto el desenlace de las escenas.
Sin embargo, no aspiro a eso y en este punto ya tampoco me propongo devolverme sobre mis pasos para corregir nada. Solo deseo dar esa primera mirada con todo el amor del que sea capaz y quedar convencida que todo lo que creo en mi mundo es perfecto y correcto para la marcha del universo. Que no hay errores, y, más bien cada evento en el que me veo inmersa es un movimiento planeado en la gran sinfonía que resuena en el universo. 

Dios está a cargo. Él dirige. Él sabe. Yo en mi intento de "ser alguien" creo saber qué necesito para vivir en plenitud y debo reconocer que no lo sé. Lo que Dios diga, tal como diga y cuando diga eso es lo que necesito para vivir en paz. Esto se llama para mí: soltar. No quiero el control. Solo quiero ser feliz.

"Cuando dejo ir lo que soy, me convierto en lo que podría ser. Cuando dejo ir lo que tengo, recibo lo que necesito". - Lao Tzu

lunes, 2 de marzo de 2015

LA CUARTA VIRTUD CARDINAL: LA TEMPLANZA



La templanza es definida como la virtud que insta a moderar los sentidos y los apetitos y sujetarlos a la razón.

Sin embargo, no es de pensar que la templanza solo se dedica a prohibir por el simple hecho de prohibir. La templanza motiva al ser humano a buscar el bien supremo. Una persona que tiene templanza ante un diagnóstico de diabetes, por ejemplo, modera el consumo de harinas refinadas considerando que esto le dará una más larga y mejor vida.  La templanza también se pone de manifiesto en la persona que no vive triste por su pasado, ni ansioso por el futuro sino que vive su presente con intensidad pero sin el comportamiento hedonista de vivir el día a día en el desperdicio, la gula o el libertinaje.  La templanza hará que todos tengamos consciencia del uso de todos los recursos que tenemos a disposición. No haremos desperdicio de agua, de energía o de comida o de cualquier otro bien.

Incluso aprovecharemos cada minuto de salud, de educación  y de trabajo que nos sea regalado Seremos capaces de lograr vivir con solo lo que necesitamos. Imaginemos la abundancia que se generaría si cada ser humano  dispusiera solamente de lo que necesita.  Quiero soñar que habría de todo en cantidad suficiente para todos y la avaricia vería su muerte segura.

La templanza propone una mirada caritativa hacia el otro. Si cultivamos esta virtud caerá en desuso esa innecesaria y desgastante  actitud de juzgar y nos aproximaríamos a comprender  a todo ser humano con que nos relacionáramos.
Cada acción que sea guiada por la templanza es un ejercicio de fortaleza para nuestra alma y nuestro espíritu. Viviendo con templanza estamos acercándonos a vivir agradando a DIOS.


 

lunes, 23 de febrero de 2015

LA FORTALEZA COMO VIRTUD CARDINAL




Cuando atravesamos por  situaciones que nos abruman, nuestros amigos y conocidos, con frecuencia nos dicen: mucha fortaleza. (Al menos es mi experiencia)  Agradecemos el gesto e inmediatamente, un poco decepcionados, nos preguntamos qué es la fortaleza y cómo nos ayudará a transitar por el camino tan difícil por el que atravesamos en ese momento particular.
Según el diccionario, la fortaleza es fuerza, que a su vez es la capacidad para soportar un peso o resistir un empuje, y vigor que es, en una de sus acepciones, la duración de las costumbres y estilos. Entonces, mantener nuestra forma de ser, de vivir y de ver la vida a pesar de las circunstancias difíciles, nos dará la certeza de que poseemos fortaleza.
Demostramos fortaleza cuando seguimos trabajando día a día después de despedirnos de un ser querido. También demostramos nuestra fortaleza cuando nos mantenemos constantes en un tratamiento luego de que se nos diagnostica una enfermedad terminal. Otra forma en la que nos podemos dar cuenta de nuestra fortaleza es manteniendo nuestros compromisos en diferentes ámbitos: educativos, familiares, laborales, con el ambiente, para citar algunos. Demuestra fortaleza quien es tentado a cometer cualquier tipo de fraude a cambio de una condición económica holgada y sabe decir ¡NO!.
Para los creyentes la fortaleza viene de DIOS como un poder superior capaz de infundirnos eso que necesitamos para seguir adelante. La FORTALEZA como VIRTUD CARDINAL es aquella condición mediante la cual podemos vencer el temor y huir de la temeridad. Santo Tomás, por ejemplo, adoctrinaba sobre la virtud de la FORTALEZA expresando que esta se encuentre en el hombre que está dispuesto a afrontar los peligros y que por defender la verdad y la justicia está dispuesto a soportar adversidades.

La fortaleza debe ser tenida como un valor y ha de ser enseñada como una capacidad del espíritu para vivir la TOTAL PLENITUD de una vida productiva. Sin fortaleza todos los caminos del ser humano podrían volverse intransitables.


Resultado de imagen de imágenes sobre fortaleza   "La Fortaleza no viene de la capacidad física, sino de una voluntad indomable." - Mahatma Gandhi






miércoles, 18 de febrero de 2015

LA PRUDENCIA. OTRA VIRTUD CARDINAL



La PRUDENCIA es otra de las virtudes cardinales. Tiene que ver con el discernimiento para elegir lo que nos conviene y evadir lo que nos puede perjudicar. Dentro del catolicismo se asevera que gracias a la prudencia podemos saber la justa medida para vivir las otras virtudes cardinales.  La PRUDENCIA también la relacionamos con el decir. Somos prudentes cuando escogemos las palabras con que nos dirigimos a otros. La PRUDENCIA hace que seamos respetuosos de la libertad de actuar de otros; nos motiva a escuchar sin juzgar,  a acompañar sin condicionar, a discutir sin buscar vencer.
Sin embargo, hay que estar despiertos y tener certeza de cuándo somos prudentes y  cuándo utilizamos el nombre de esta fundamental virtud para tapar un grado supremo de ignorancia. Con dolor he escuchado de algunas personas que permiten que ocurran verdaderas atrocidades y se escudan diciendo que no intervinieron porque son "muy prudentes". Grave confusión; si escucho que el vecino golpea a la esposa o a los niños no soy prudente al callar la agresión; allí me convierto en cómplice. Si se de alguien que prostituye niños y callo por supuesto que nadie puede decirme prudente. Si conozco dónde y quién vende drogas y no denuncio, tampoco soy prudente. Listar ejemplos se convertiría en un blog interminable. Cada uno identifique si sus actos son pruedentes o son una cruel complicidad.

Pidamos a nuestro PODER SUPERIOR, el de cada uno, el discernimiento para no caer en el conformismo disfrazado de prudencia.